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sábado, 1 de septiembre de 2012

La Cuaresma

Cuaresma tiempo oportuno para acercarnos más a Dios y agradecerle por todos los beneficios que nos concede.












sábado, 28 de agosto de 2010

EL QUE SE HUMILLA SERA ENSALZADO


La Palabra de Dios en el evangelio de hoy nos presenta las virtudes básicas que hemos de tener para entrar en el Reino de Dios. Una de las virtudes más importante es la HUMILDAD.

“Y dijo al que lo había invitado: cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a las parientes ni a los vecinos rico,.. Al contrario…, invita a pobres, lisiados, cojos y ciejos”… (Lc- 14, 8-11).
En la primera lectura del Eclesiástico nos aconseja sabiamente a pasar de la presunción y el orgullo a la humildad, cuando nos dice: “Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios”. Pero Jesús mismo nos dice en Lc. 14, 11: «Cuando alguien te invite a un banquete de bodas, no escojas el mejor lugar. Puede ocurrir que haya sido invitado otro más importante que tú, y el que los invitó a los dos venga y te diga: Deja tu lugar a esta persona. Y con gran vergüenza tendrás que ir a ocupar el último lugar. Al contrario, cuando te inviten, ponte en el último lugar y así, cuando llegue el que te invitó, te dirá: Amigo, ven más arriba. Esto será un gran honor para ti ante los demás invitados. Porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado.»

Aquí Jesús nos invita a la humildad y modestia, comportándonos y actuando como verdaderos seguidores suyos. Jesús dijo al fariseo que lo había invitado: “cuando tú des una comida o una cena, no invites a tus amibos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes y vecinos RICOS: al contrario, invita a los POBRES, lisiados, cojos y ciegos”…

Jesús quiere decir: no invites a los que te pueden corresponder e invitar a ti después, sino a los que no pueden hacerlo, pero que Dios en su nombre se encargará de pagártelo con creces en la vida eterna. Esto les dijo en cuanto a la “elección de los invitados”…Nadie debe alabarse y ensalzarse por sí mismo más de lo conveniente,
El libro de los Salmos nos dirá también al respecto: “Dios se inclina y mira complacido a los humildes”: Escoge a los sencillos para confundir a los soberbios.
La HUMILDAD seduce y atrae a Dios esto fue lo que sucedió cuando eligió por madre suya a la Virgen María, la criatura más sencilla y humilde, la esclava del Señor… Sabernos que Dios se complace en la Humildad de sus criaturas,
El hombre verdaderamente “humilde” exclamará siempre con esta sencillez: “Somos servidores inútiles, y lo que teníamos que hacer, eso hemos hecho” (Le. 17, 10).
La persona sencilla será siempre servicial y se pondrá a disposición de todos: “siempre hará el bien sin mirara quién”.
Alguien dijo que “nunca es más grande el hombre que cuando está de rodillas”. Todos sabemos cómo las almas auténticamente sencillas y humildes ganan el corazón y la voluntad de los hombres. En cambio, las personas que se enaltecen y exaltan, ¡cuántas veces son humilladas y confundidas por su soberbia!…
Reflexionemos para abrazar al ideal cristiano como servicio al hermano pobre y necesitado, prontos a dispensar nuestro servicio a todos sin excepción. Jesús hoy nos invita a tomar conciencia y comprometernos en construir un inundo nuevo basado en la humildad, el amor, la solidaridad, justicia y paz. ¿Cómo? Por este camino: “el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.

domingo, 22 de agosto de 2010

Salmo 8


SALMO 8

Majestad de Dios y dignidad del hombre

Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos, para reprimir al adversario

y al rebelde.

Cuando contemplo el cielo,

obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre,

para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando

sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies:

rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.

Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

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